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Fundamos el Teatro de los Andes en Agosto de 1991, en Bolivia.
Vivimos en Yotala, cerca de Sucre, en un Teatro-granja donde preparamos nuestras obras, las presentamos, alojamos otros artistas, realizamos encuentros y talleres.
Nos proponemos formar un actor-poeta en el sentido etimológico del término: hacedor, creador. El que crea y hace. Para esto realizamos un entrenamiento cotidiano, físico y vocal, y trabajamos sobre formas de improvisación y composición.
Tratamos de unir en nuestras obras las reflexiones sobre el espacio escénico, sobre el arte del actor y la necesidad de contar historias, de recordar, de «volver en sí».
Nos proponemos un teatro que podríamos llamar del humor y de la memoria.
Somos profesionales en el antiguo sentido de profesar nuestras motivaciones, «confesarlas en público». Y es la relación con el público que determina nuestro quehacer: sacar el teatro de los teatros y llevarlo donde está la gente, a universidades, plazas, barrios, pueblos, lugares de trabajo, comunidades. Buscar un nuevo público para el teatro y crear un nuevo teatro para este público.
Nuestra revista El Tonto del Pueblo es otro instrumento para este diálogo.
Queremos construir un puente entre la técnica teatral que poseemos -y que podríamos definir occidental- y las fuentes culturales andinas que se expresan a través de la propia música, fiestas y rituales. El contacto, el encuentro y el diálogo son imprescindibles para nuestro trabajo cultural. No el aislamiento.
La mezcla de razas, culturas, usos, las migraciones, siempre crearon nuevas formas expresivas y musicales. Si bien se perdieron cosas antiguas, aquello que surgió del encuentro y la mezcla fue la forma con la que el hombre de hoy se expresa: hijo de su condición y experiencias, con la memoria abierta a lo que fue y la mente proyectada hacia adelante. |